“……Siento malestar, inquietud y necesidad de afrontar una conversación que está pendiente y es necesario hacerlo  para recomponer nuestra relación. Tengo la sensación de que puedo perder algo que no quiero perder, estoy evitando un encuentro con el otro, pero para mí es necesario restablecer la relación…..”.

Sabemos que tenemos una conversación pendiente cuando evitamos el encuentro con el otro, su presencia nos produce irritación y sentimos que podemos estar perdiendo oportunidades.

Podemos identificar sin dificultad con quién tenemos pendiente una conversación, pero lo que nos permite avanzar hacia una conversación liberadora es ordenar las causas que la han  generado.

En ocasiones no sabemos muy bien por qué, pero la sola presencia del otro nos provoca distanciamiento y agresividad, no nos gusta su forma de pedirnos las cosas, de cómo nos escucha. Situaciones y personas que nos tensionan por su manera de ser y hacer, que nos evocan personas y vivencias de nuestra propia historia y que en su momento nos generaron malestar.

Poner en consciente pensamientos y emociones que me han impedido realizar la conversación es un paso imprescindible para poder empezar a abrir la posibilidad de liberarme de ella, podemos aplazar la conversación, o negarla pasivamente o de forma activa.

Al ser conscientes de ello, podemos decidir no tener ninguna conversación, ya que sentimos que la relación se acabó, que no hemos sabido cuidar ni cuidarnos, la sensación no es de tener pendiente, es de necesitar abrir otras relaciones y otros futuros.

Conversación pendientePor ello, antes de encarar una Conversación Pendiente, es esencial plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué quiero conservar en mi relación con…… y puede estar en peligro?

Esta es una pregunta básica, reconocer qué quiero o qué necesito conservar en mi relación con el otro; y al ponerla en peligro, hay una parte de mí que pongo en peligro.

Decidir lo que se quiere conservar es ponerse en movimiento para el encuentro. Declarar que ya no se quiere conservar la relación, la aplaza o se reafirma que no la sentimos como pendiente y asumimos lo que puede significar no poder reparar una relación que en otro momento tuvimos y nos dio sentido.

Las conversaciones pendientes son como una rotura, como si el flujo que une a dos personas, dos naciones, dos departamentos de una organización se hubiera roto y fuera necesario juntarlos para recuperar todas las posibilidades que la relación puede aportar.

Una sola Conversación Pendiente en una familia, en una organización, en un país, en un continente altera todas las relaciones de sus componentes, generando más debilidad en las relaciones y más desencuentros.

Su origen se encuentra en expectativas no expresadas o incumplidas. Algo de nosotros fue “tocado”, queríamos ser tratados y reconocidos de otra manera y, al sentirnos “negados”, activamos una reacción de ataque, rabia o nos victimizamos.

Hay conversaciones pendientes históricas, que heredamos. Conversaciones Pendientes entre miembros de una misma familia, entre países que se mantienen por falta de reconocimiento mutuo y de poder legitimar el sentir y el hacer distinto. Lo diferente nos inquieta y la tentación de negarlo se nos presenta como una solución.

Los humanos somos seres de repetición, y las conversaciones pendientes es una de sus manifestaciones.

El tiempo no repara desencuentros, solo los agranda; y perpetuar una Conversación Pendiente pone en evidencia nuestra incapacidad de regenerar una relación y de afrontar situaciones que afectan a todos.

Si queremos una estabilidad en nuestras redes de relación, hay que cuidarlas, afrontando con rapidez y calidez los desencuentros.

Visualizar lo que será distinto y los beneficios que podemos obtener nos tiene que servir de guía para evitar boicotear la conversación y poder liberarnos del lastre que no hacerlo nos conlleva.

Es tiempo de encuentros y cooperación, es tiempo para conversar.

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